Qué es el breathwork: tipos y técnicas de respiración
Mujer tumbada en una esterilla, con una mano sobre el abdomen, practicando respiración consciente.

Qué es el breathwork: no todas las técnicas de respiración buscan lo mismo

Qué es el breathwork: no todas las técnicas de respiración buscan lo mismo

Mujer tumbada en una esterilla, con una mano sobre el abdomen, practicando respiración consciente.

Respirar por la nariz o por la boca. Lento o rápido. Con pausas o de manera continua. El breathwork reúne prácticas muy diferentes, y conocer sus diferencias puede cambiar nuestra manera de experimentar la respiración.

Respiramos miles de veces al día y, sin embargo, pocas veces prestamos atención a cómo lo hacemos.

Pero cuando empezamos a trabajar conscientemente con nuestra respiración, descubrimos que algo aparentemente tan sencillo puede convertirse en una herramienta de exploración muy interesante.

En los últimos años se ha popularizado una palabra: breathwork.

La encontramos asociada a la relajación, la regulación emocional, la meditación e incluso experiencias de catarsis. Pero ¿estamos hablando siempre de lo mismo?

No exactamente.

De hecho, una de las primeras cosas que aprendí en mi recorrido fue que podemos respirar de maneras muy diferentes. Y que no todas buscan provocar las mismas experiencias.

¿Qué es realmente el breathwork?

Breathwork significa literalmente «trabajo con la respiración». Es un término amplio que engloba diferentes prácticas en las que dirigimos o modificamos conscientemente nuestra forma de respirar.

Podemos cambiar el ritmo, la profundidad, el tiempo de inhalación y exhalación, las pausas o la vía por la que respiramos.

Y cada combinación puede generar sensaciones y efectos diferentes.

Para comprenderlo, hay tres distinciones fundamentales.

1. Respirar por la nariz o por la boca

La primera diferencia es por dónde entra y sale el aire.

La respiración nasal es nuestra vía habitual en reposo. La nariz filtra, humedece y ayuda a regular la temperatura del aire antes de que llegue a los pulmones. También ofrece cierta resistencia natural al paso del aire.

Por eso muchas técnicas de respiración pausada utilizan la nariz como vía principal.

La respiración por la boca, en cambio, permite movilizar grandes cantidades de aire con menor resistencia, algo especialmente útil cuando realizamos esfuerzos intensos. También se utiliza voluntariamente en determinadas técnicas de breathwork.

Pero hay algo importante: respirar por la boca no significa necesariamente respirar rápido, del mismo modo que respirar por la nariz no garantiza estar respirando lentamente.

Y ninguna de las dos vías convierte automáticamente una práctica en más profunda o transformadora.

2. El ritmo y la profundidad

Otra diferencia es la velocidad con la que respiramos y la cantidad de aire que movilizamos.

Una respiración lenta y cómoda puede favorecer determinadas respuestas de regulación fisiológica y ayudar a centrar la atención.

Las respiraciones rápidas o muy profundas pueden producir una activación corporal diferente y, si aumentan excesivamente la ventilación, modificar los niveles de dióxido de carbono en sangre.

Pero cuidado: lento no siempre significa suave, ni rápido significa necesariamente intenso.

Una persona puede respirar pocas veces por minuto y movilizar mucho aire en cada respiración.

La velocidad y la profundidad son dos aspectos distintos.

3. Respiración continua o con pausas

La tercera diferencia es la continuidad.

En muchas técnicas se trabaja con pausas voluntarias después de inhalar o exhalar, o con duraciones diferentes para cada fase.

En la respiración circular o conectada, en cambio, la inhalación enlaza con la exhalación sin pausas voluntarias entre ambas.

Esta continuidad puede mantenerse a diferentes velocidades y practicarse por distintas vías respiratorias, según el método.

Por tanto, la respiración conectada no es sinónimo de respiración rápida ni tampoco una escuela independiente que debamos comparar directamente con el pranayama o la respiración holotrópica.

Es una característica del patrón respiratorio que distintas escuelas pueden utilizar.

Del pranayama a las escuelas modernas de breathwork

Aquí también conviene distinguir dos épocas.

El trabajo consciente con la respiración existe desde mucho antes de que apareciera la palabra breathwork.

En las tradiciones del yoga encontramos prácticas respiratorias con una historia de más de dos mil años, aunque sus métodos y objetivos hayan evolucionado a lo largo del tiempo.

El pranayama forma parte de esa tradición y comprende numerosas técnicas relacionadas con la regulación de la respiración y, dentro de su filosofía, con el prana o energía vital.

Algunas trabajan con respiraciones lentas, otras con retenciones o ritmos más dinámicos.

Un ejemplo es Nadi Shodhana, la respiración alterna por las fosas nasales, que también utilizo en algunos de mis retiros.

Pero el panorama occidental moderno tiene otra historia.

Especialmente desde las décadas de 1960 y 1970 comenzaron a desarrollarse escuelas de trabajo respiratorio vinculadas a la autoexploración y al movimiento del potencial humano.

Dos de las más conocidas son:

Rebirthing o respiración de renacimiento. Desarrollado por Leonard Orr, utiliza la respiración conectada como elemento central. Su marco original relaciona la práctica con la exploración de experiencias tempranas, creencias y procesos emocionales.

Respiración holotrópica. Desarrollada por Stanislav y Christina Grof durante los años setenta, combina respiración intensificada, música evocadora, acompañamiento y espacios de integración. Se orienta a explorar estados no ordinarios de conciencia.

Con el tiempo aparecieron otros métodos que incorporaron elementos de estas escuelas, del yoga, la meditación y distintas disciplinas corporales.

Algunos priorizan la intensidad, otros una respiración más suave y sostenida. Muchos utilizan patrones conectados.

Por eso, cuando alguien dice que practica breathwork, todavía sabemos muy poco sobre lo que realmente hace.

Lo interesante no es solo conocer el nombre de una técnica, sino comprender cómo trabaja y qué experiencia propone.

¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando modificamos la respiración?

La respiración influye en diferentes procesos fisiológicos.

Una revisión científica de 2024, que reunió 31 estudios y 1.133 participantes, encontró que determinadas prácticas de respiración lenta pueden producir cambios inmediatos en la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la variabilidad cardíaca.

Otro metaanálisis, publicado en 2023, encontró resultados prometedores en la reducción del estrés percibido, aunque advirtió sobre las limitaciones de los estudios disponibles.

También sabemos qué ocurre cuando respiramos más aire del que nuestro organismo necesita.

La hiperventilación puede reducir excesivamente el dióxido de carbono (CO₂) en sangre. Esto altera el equilibrio ácido-base y puede provocar mareos, hormigueos y contracciones musculares involuntarias.

Una de esas manifestaciones es la tetania: un estado de contracción o rigidez muscular que puede afectar, por ejemplo, a las manos, los brazos u otras partes del cuerpo. Puede tener distintas causas; la hiperventilación es una de ellas.

Y esto merece una reflexión.

Una sensación intensa tiene una realidad fisiológica, pero eso no determina automáticamente su significado emocional.

Que el cuerpo experimente contracciones no demuestra por sí solo que estemos liberando un trauma o desbloqueando una emoción.

Sin embargo, nuestra manera de vivir e interpretar esas sensaciones también forma parte de la experiencia.

Precisamente ahí empezó uno de los aprendizajes más importantes de mi recorrido.

Mi experiencia: cuando respirar empezó a darme miedo

Mi primer acercamiento a las respiraciones intensas fue bastante difícil.

Desde mi primera experiencia respirando con fuerza apareció la tetania. Aquellas contracciones me asustaron porque no entendía qué estaba sucediendo y tampoco encontré el acompañamiento que necesitaba.

En las siguientes ocasiones empezó a ocurrirme algo todavía más desconcertante: apenas comenzaba a respirar conscientemente y la tetania aparecía casi de inmediato.

En aquellas prácticas se buscaba alcanzar una catarsis, una liberación emocional. Y cuando aparecían las contracciones, a menudo recibía indicaciones para respirar todavía más fuerte, como si tuviera que atravesarlas hasta conseguir liberar algo.

Pero cuanto más aumentaba la intensidad, más incómoda se volvía mi experiencia.

Llegó un momento en el que respirar conscientemente empezó a generarme ansiedad.

Y para mí era una contradicción enorme.

¿Cómo podía tener miedo de respirar, si respirar es el pulso de la vida?

Recibí recomendaciones para modificar la manera de inhalar y exhalar, controlar el flujo de aire o cambiar la posición de la boca. Algunas podían ayudarme a regular la ventilación desde un punto de vista físico.

Pero mi relación con la respiración empezó a cambiar cuando conocí otra manera de practicarla.

Era una respiración circular, conectada y sostenida, realizada tumbado, por la boca y con protagonismo del pecho. Pero, sobre todo, con un ritmo mucho más pausado y amable para mí.

Seguía siendo una respiración activa. Podían aparecer sensaciones intensas y emociones.

La diferencia era que ya no necesitaba forzarlas.

Y cuando volvieron a surgir aquellas sensaciones, pude vivirlas desde otro lugar, con mayor acompañamiento.

En lugar de intentar atravesarlas aumentando la intensidad, apareció una invitación muy sencilla:

¿Y si escuchas lo que está ocurriendo? ¿Qué hay ahí?

Fue entonces cuando mi experiencia cambió.

Empecé a percibir aquellas contracciones no solamente como algo amenazante, sino como una vibración que podía sentir de otra manera.

Poco a poco tuve la sensación de que aquella vibración se expandía por mi cuerpo.

Y detrás de ella encontré algo que, para mí, necesitaba atención: una parte de mí que pedía ser escuchada.

Aquella experiencia fue profundamente liberadora. Pero no fue una liberación brusca, forzada o desesperada. Fue una liberación compasiva, amorosa.

Como si mi cuerpo, por una vez, no necesitara luchar para ser escuchado.

No estoy diciendo que la tetania tenga necesariamente un significado emocional ni que haya que continuar una práctica cuando aparecen espasmos. Es un síntoma físico que requiere atención, y cualquier práctica que lo provoque debe detenerse y evaluarse adecuadamente.

Estoy contando cómo viví yo aquellas sensaciones en un contexto diferente y el significado que tuvieron en mi propio recorrido.

Fue una manera de reconciliarme con la respiración.

¿Es necesaria la catarsis para vivir algo profundo?

Esta experiencia cambió mi manera de comprender el trabajo respiratorio.

¿Significa que la respiración rápida sea peor? En absoluto.

Hay personas que encuentran mucho valor en experiencias intensas. Yo mismo sigo utilizando determinadas respiraciones dinámicas en algunos retiros, cuando tienen sentido dentro de lo que estamos explorando.

Pero dejé de considerar la intensidad como una condición necesaria para la profundidad.

Una persona puede llorar, temblar o vivir una experiencia extraordinaria. Otra puede permanecer tranquila y descubrir algo igualmente significativo.

¿Por qué tendríamos que medir la profundidad de una experiencia por lo espectacular de su manifestación?

Para mí, la catarsis puede surgir. Lo que no necesito es perseguirla.

Hoy entiendo la respiración como una posibilidad de volver al cuerpo, a nuestras sensaciones y al momento presente.

Esa visión también está detrás de los primeros quince minutos de respiración consciente que utilizo en RE·SET, antes de continuar con la música y la activación energética.

No busco provocar una reacción concreta. Busco facilitar un espacio de atención hacia uno mismo.

Entonces, ¿qué respiración es mejor?

No creo que exista una única respuesta.

Dependerá de cada persona, del momento que atraviesa, de sus objetivos y de cómo responde a cada práctica. También es importante valorar la seguridad y contar con acompañamiento competente, especialmente en técnicas intensas.

Yo he encontrado una manera de trabajar con la respiración que tiene sentido para mí.

No porque sea universalmente mejor, sino porque nace de lo que he experimentado y aprendido.

Y quizás esa sea la reflexión más importante que quiero compartir:

No siempre necesitamos respirar más fuerte para llegar más profundo. A veces, lo que necesitamos es dejar de forzar y empezar a escuchar.

Respirar es el pulso de la vida. Y volver a sentir ese pulso puede ser, por sí mismo, una experiencia valiosa.

Fuentes y lecturas para profundizar

Cleveland Clinic — Respiración nasal y oral: https://health.clevelandclinic.org/breathe-mouth-nose

Oxford Academic — Historia y tradiciones del yoga: https://academic.oup.com/reference/62357/reference-article-abstract/554519556

International Breathwork Foundation — Historia del breathwork moderno: https://ibfbreathwork.org/historia-de-ibf/?lang=es

Shao, Man y Lee (2024) — Respiración lenta y funciones cardiovasculares: https://doi.org/10.1007/s12671-023-02294-2

Fincham et al. (2023) — Breathwork, estrés y salud mental: https://doi.org/10.1038/s41598-022-27247-y

Manual Merck — Síndrome de hiperventilación: https://www.merckmanuals.com/professional/pulmonary-disorders/symptoms-of-pulmonary-disorders/hyperventilation-syndrome

Artículo divulgativo basado en evidencia científica, contexto histórico y experiencia personal. No sustituye una valoración sanitaria ni constituye una guía para realizar prácticas respiratorias intensas.

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